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sábado 28 de febrero de 2009

Una vez, hace muchos años, existio un mar rodeado por la vegetacion mas vasta y hermosa sobre la faz del universo.
Un mar tan claro que al asomarse a el, podian verse todas las especies que en este habitaban. Entre ellas, las sirenas.

El principe de las sirenas era un joven nada agradable, malcriado por la reina que se empeñaba en darle todo lo que el deseaba (y posiblemente nunca en su vida iba a utilizar.)
El odiaba con todas sus fuerzas a los humanos, mas de una vez habia ido a provocar naufragios sin ayudar ni a una sola persona, y, al zozobrar los barcos y hundirse cuerpos cerca de su alcance, los amarraba en anclas y colocaba las cuerdas debajo de piedras de modo que sus familiares jamás pudieran encontrarlos.

Fuera, a las orillas del mar, estaba situado un castillo majestuoso, con elegancia y fastuocidad innecesarios, tanto que, a la princesa que vivia dentro, llegaba a marearle encontrarse rodeada de todo ese lujo.
Ella era bella, mas de lo que una persona real puede desear ser en sus sueños mas locos.
Pero era nerviosa. "Muy nerviosa, terriblemente nerviosa", parece recitarle a ella el cuento.
Le asustaba el agua, el agua y todo lo que viviese en ella.
Comia pescado, adoraba comer pescado, por que sentia que mataba a esa parte que tanto terror le causaba por las noches.
Su padre, el Rey, le inculco ese miedo y odio al gran azul, por que, contaban las leyendas, la reina habia huido con uno de los descendientes de Aqueloo.

Vivian uno al lado del otro, unicamente separados por una pared.


El principe del mar y la princesa nerviosa, nunca llegaron a conocerse.

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